Coaching, Conferencias, Formación, Servicios
Mientras mirábamos el combate… pasó lo importante
Estos días, con el barco, el virus y la pelea política entre administraciones, hemos vuelto a ver algo muy interesante desde la comunicación: cómo funciona la agenda setting y cómo los medios consiguen dirigir la conversación pública.
Nos encanta un combate. Da igual que sea política, fútbol, televisión o un grupo de WhatsApp familiar. En cuanto aparecen dos bandos, algo se activa. Dejamos de mirar el problema y empezamos a mirar
Y estos días ha pasado exactamente eso. El barco. El virus. La bronca entre el Gobierno de Canarias y el Gobierno de España.
Horas y horas de titulares, tertulias, declaraciones y gente enfadada. Y mientras tanto, todos mirando el marcador. Como si aquello fuera un combate por puntos.
Quién quedó peor. Quién llegó tarde. Quién mintió. Quién atacó mejor.
En medio de todo eso, la situación sanitaria se resolvió. Esto pasó casi desapercibido.
Que ojo, no era precisamente sencilla. Estamos hablando de una operación internacional delicada, con protocolos, aislamiento, coordinación entre instituciones y una presión mediática enorme encima. Y salió bien.
Pero eso daba menos juego. Porque la gestión tranquila nunca compite bien contra el conflicto. El problema resuelto no genera la misma adrenalina que una pelea política bien calentita.
Y ahí la comunicación tiene muchísimo que decir.
Qué es la agenda setting
Existe una teoría llamada Agenda Setting que explica algo bastante incómodo, los medios no suelen decirnos qué pensar, pero sí consiguen algo muy potente… decidir sobre qué pensamos.
Si durante días todo lo que consumes gira alrededor del mismo tema, acabas sintiendo que ese tema es el centro absoluto de la realidad.
Aunque mientras tanto estén pasando veinte cosas más. Lo interesante es que no hace falta una conspiración malvada para que esto ocurra. A veces basta con algo mucho más simple: el conflicto engancha.
Nos engancha muchísimo.
Por qué el conflicto engancha más
Un titular tranquilo no compite igual que una bronca. Una explicación técnica no funciona igual que dos políticos lanzándose pullas. Un protocolo sanitario bien ejecutado no tiene el mismo recorrido que un “y tú más”.
El cerebro entra solo. Porque el combate entretiene. Y aquí viene la parte incómoda: muchas veces dejamos de comportarnos como ciudadanía y empezamos a consumir la actualidad como espectadores. Como si fuera una serie. Necesitamos el malo, el bueno, el culpable, la frase viral, el zasca y el giro de guion.
Y mientras tanto, el problema real queda detrás, como el decorado de una pelea que da más audiencia que reflexión.
Cómo los medios marcan la conversación pública
Lo más curioso es que luego nos preguntamos por qué vivimos agotados, polarizados o enfadados todo el tiempo. Pues igual tiene algo que ver con que consumimos tensión durante horas como quien come pipas viendo una pelea ajena.
Y no, no estoy diciendo que no haya que informar ni debatir. Todo lo contrario.
Lo peligroso es cuando dejamos de analizar lo que pasa para empezar simplemente a elegir bando. Porque ahí ya no estamos pensando. Estamos reaccionando. Y eso cambia completamente la conversación pública. Quizá la pregunta interesante no es solo qué tema ocupa todos los titulares. Quizá la pregunta es qué estamos dejando de mirar mientras seguimos entretenidos con el combate.
