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¿Queremos una sociedad guapa o responsable?
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¿Queremos una sociedad guapa o responsable?

En cada decisión que tomamos es de gran ayuda preguntarnos “¿Para qué?”. Y yo me pregunto si cuando hablamos y actuamos pensamos en ello. Y si queremos una sociedad guapa o responsable.

No sirve de nada observar, opinar y mirar para otro lado.

Presumimos querer ser una sociedad libre, saludable, democrática y de bienestar, y luego, ni quienes tienen responsabilidad, ni quienes la damos, somos coherentes y responsables.

No podemos pasarnos la vida denunciando en corrillos de pasillo, en la barra de un bar o en las redes sociales si no se actúa.

Las consecuencias de nuestros actos son las que nos enseñan de verdad que decisiones son buenas o malas. Y ser consecuentes de ellos nos hace responsables.

Ser un medio de comunicación implica una responsabilidad social y un compromiso con el derecho fundamental que tenemos de recibir información, formación o entretenimiento responsable y objetivo, que ayude a mejorar esta sociedad que a veces me da la sensación de que evoluciona a ciegas.

No nos sirve para nada bueno, hablar de compromiso por una sociedad más igualitaria, si a cualquier cosa llamamos o le damos el valor de un “Medio de comunicación”. Lo consideramos como tal aunque en él no se haga periodismo del riguroso, aunque se viertan difamaciones, insultos, denigraciones, mentiras, burlas, descalificativos o se cometan atrocidades divulgativas.

Donde nada ni nadie, audita y vela porque no sea un peligro para cuántas personas le siguen. Donde nada ni nadie, no solo no corrige, sino que miran hacia otro lado, prefieren no ver o incluso, mantienen, apoyan, alientan y alimentan.

Cuando un medio de comunicación mantiene un discurso “peligroso” que alienta el machismo, la homofobia, el clasismo, las irregularidades, el extremismo, la burla, la falta de respeto, el abuso, la extorsión, la demagogia se desacredita. Un chiringuito con disfraz de medio digital, radio, revista o lo que sea, dónde se falta a la verdad, dónde no se respira legalidad o dónde, por ejemplo, solo se pone en relieve de una mujer su subjetiva belleza, no tiene credibilidad.

Pero no sólo pierde credibilidad el medio, sino las marcas que se anuncian en él, y quienes usan un sucio altavoz por su propio interés para llenar sus cuotas de ego.
También se van manchando quienes no controlan, aún sabiendo o sospechando lo que allí sucede.

Quienes desde la administración, nutren esas fábricas de infoxicación con el dinero de esa sociedad que pretenden llevar a la igualdad.
Y pagan a esos medios sin asegurarse de la limpieza de los mismos. No les preocupa, ni ocupa, porque solo prima autocomplacerse dentro de ellos, aunque desde donde hablen se cometan precariedades, desigualdades, o irregularidades.

Luego tod@s y cada uno de nosotr@s, que observamos, nos quejamos dónde no se llega a ningún lado. Y seguimos caminando.

Nos escandalizamos 2 minutos, la culpa es de otros y seguimos con el selfie.

Así no se consigue lo que predicamos; solo conseguiremos perpetuar lo arcaico, la caspa y lo obsoleto. Así no se avanza.

Se busca al trabajador del Congreso de los Diputados que evidenció su incapacidad para que ejercer y cobrar del dinero de una sociedad que predica de no tolerar desigualdades y al “escritor” que demostró su incapacidad para trabajar en un medio de comunicación y ejercer como #periodista.

Además, me gustaría saber qué pasa con el responsable del “#medio” que es capaz de intoxicar a sus seguidores de todo de lo que teóricamente huimos.

¿Va a ver consecuencias o todo quedará en un efímero e hipócrita escándalo?

Actuar es más efectivo.

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